Aunque me cuesta, debo hacerlo. Debo escribir, más no sea
como terapia auto infligida.
Estoy solo, mi amor está lejos. Por primera vez desde
hace más de 43, cuarenta y tres años, estoy solo de toda soledad en esta casa,
que supo albergar a seis personas o más. Un desafío extraordinario impulsó a
Mirtita a buscar un nuevo terreno donde poner en práctica su amor a la
docencia; la pregunta de rigor, dónde?
En Lago Puelo, en un Instituto Superior de Docentes.
Después de aprobar Psicología General en la carrera de Psicología de la UBA,
mandó un proyecto que fue aprobado con excelente puntaje y allá fue la niña. A
enseñar a Epuyén. Justo cuando se perdieron más de 50000 has, por los incendios
malintencionados, allá fue mi amor.
Cómo explicar el vacío?.
Cómo manejar esta mano sin cintura, estos ojos sin límite
corporal de la persona amada?
Se puede consolar el roce de una pierna que no encuentra
la otra debajo de la sábana?
Doblegar las lágrimas de geronte enamorado.
Ante las preguntas:” Todo bien”, “sí, todo bien”.
“Te estás arreglando?”. “Y,… sí”
Tratar de repetir, aunque mínimamente, las pequeñas
rutinas que nos unen cada día. Esperar anhelante el llamado a cualquier hora.
Y una vez que llamás, te hace pelota escucharla y no
poder tocarla, abrazarla fuerte, fuerte. Acariciar ese rostro amado, sentir ese
aroma del pelo tantas veces rozado y tratar de que se deje el pelo así, con
ondas naturales.
Es que me enamoré de ella, con ese pelo oscuro, denso,
con ondas armoniosas que orlan su cara morena y querida.
A la distancia imaginarme sus ojos pestañeando
lentamente, mirando hacia el vacío escuchándome hablarle y no dejar translucir
mi pesar.
Es entrañable la soledad, para mí es toda una experiencia
que no pensaba tener. Ambos estamos grandes y los lazos de unión son invisibles
y categóricamente ricos en sensaciones. Son sogas como cordones umbilicales que
nos alimentan de vida, de compartir sinsabores y miedos, alegrías y sonrojos
por incomodidades.
Tenemos una relación basada desde el principio en la
construcción del día a día. Nos sorprendemos a cada instante(capaz que no le
regalo algo para el día de los enamorados, pero puedo aparecerme con un ramo de
flores imprevisto), con un llamado en
cualquier momento, sólo para decirnos que nos amamos. Y no es cursilería, al
menos no lo pensamos así.
Hay personas que nos preguntan asombrados por nuestro
comportamiento, como si fuéramos algo cursis o sensibleros, pero no nos
importa. Hemos pasado por momentos tan difíciles como otras parejas y siempre
recurrimos a nuestro amor, como si fuera la fuente de la sabiduría, de la reconstrucción
de los lazos.
Sabemos recurrir a las caricias, cuando el otro no
entiende lo que intentamos explicar.
Además, la edad nos hizo más sabios. Y al mismo tiempo
quiero, yo al menos, saber más de ella. Y nunca puedo alcanzar a entender esa
capacidad de dar amor que posee, de acordarse de cumpleaños de personas que no
frecuenta desde hace tiempo y se comunica para saber de ella.
Intentar calibrar el pedazo de humanidad que lleva sobre
sus hermosos hombros, es más difícil que volverme equilibrado.
Escribir como terapia puede ser como un bálsamo
recurrente en mi vida.
Al no estar con Mirtita, se me acumulan las frases mentalmente
para tratar de darle una forma a la soledad. Pero no sé si lo logro. Las
palabras se me acumulan como el agua en el vertedero de un dique. Pugnan por tener
un orden y no lo logro.
La soledad, como la entiendo yo en estas circunstancias,
es recomendable si se da en dosis homeopáticas. Así, de golpe, casi inesperada,
duele y cuesta mucho asimilarla.
Mucho más si la soledad se nota cuando no estás con la
persona complementaria de tu vida.
Al menos así me duele.