miércoles, 19 de agosto de 2026

Poesía de Nachito "Volver"

 Volver

Las horas de este domingo

Se escurren como las gotas

Del vidrio del café del jardín botánico

No sé si existe

Pero es domingo siempre

Siempre que lo necesito

No hay día que en algún momento

Sea DOMINGO

Con mayúscula,

De esas que bailan 

Después de las 16hs

Cuando la dopamina me susurra

Esos cantos de sirena

Reptan cuando el sol se esconde

En inviernos de Puelo

El perfume de mi viejo

No es cualquier cosa

Es la armonía

Que suprime el grito

De las sirenas

De los pendientes

Es el café con leche

De las 5 am

O de las 18hs

Es la radio que me gesto

En quejoso urbano

De la luz

Es el general de soga

En pie

Mi quijote

Mi héroe herido

Es el dulce niño del ´55

Que con apenas pocos centímetros

Ya quiere devolverle la venda caída a la justicia

Es mi Kafka del Dique Roggero

Mi jeep de tiro

O de arrastre

Que nunca abandona

Aunque le griten

Lo gasten o le duela

Es inocencia

Y vida

Es risas

Curiosidad 

Y Ciencias

No hay espacio para el afloje

Es mi arraigo

Mi andar en R6 por la colectora Gaona

El cilantro de Norchichas en los 2000

Una medialuna

Un café

Un tostado en Paulin

Los croquis de TIM

El sarmiento en una ventana

Las baldosas de Castelar

El esclavas y el Inmaculada

El palo y la caricia

A veces también mi mago de Oz

El hombre equivocado – La película no el libro– 

Es mi poesía más larga

Mi camino

Mi papiro

Mi futuro

Mi pasado

E L  T I E M P O

No hay arraigo

Sin él

Los omelettes

“Babé por favor”

Sos

Sos esas piedras que aguantan el agua

Los ruidos en el techo

Los vecinos del B° Franciscanos

El cognac del abuelo

El “Uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”

La fiscalizada en Barrio El Tambo un 2013

El Paraná al atardecer

Virorco en verano

Traful tibio

Pto Montt con lluvias

La miel que espera

La bordeadora en Reartes

Sos Cordillera

Sueños que vuelan

Vivencias que esperan

Mirada de Cushamen

Salmones

Sos muchos salmones

Fuertes peces

Que no lamentan su destino

Ni el sentido

Sos también el río que los empuja

Y como buen domingo

Sos canción

Y nostalgía

Y proyecto

Y abrazo

Serás lo que puedas

Y quieras crear

Sabé

Ya sos rumbo

Y melodía 

Que acaricia

Suspira

“Cuidate hijito”


Don Arturo

Corría el `74. Yo ya había empezado a estudiar por la mañana en Agronomía. Años muy agitados.

Trabajaba de cadete en una empresa constructora, en Cerrito y Sarmiento, Capital, a una cuadra del Obelisco. Tenía frescos 19 años.

En una de las caminatas a la salida del trabajo, hacia el centro porteño, pasé por un bar de Córdoba al 800 y entré a tomar un café antes de volver a casa.

¿A quién me encuentro, sentado en una mesa del fondo?

A don Arturo, Don Arturo Jauretche. Bien apoyada contra la pared, su figura maciza, con el poncho raído sobre los hombros y el chambergo sobre la madera de la mesa. Los restos de un cigarrillo negro, sin filtro, agonizaba en el cenicero de aluminio de Gancia.

Me acerqué prudentemente y le hago una seña.

- ¿Permiso maestro, puedo hablar con Ud.? - inquirí un poco tímido.

-Cómo no m´hijo. Sientesé- me contestó con esa voz gruesa y segura. Sus ojos celestes me miraban con curiosidad.

-Disculpe la molestia, soy un seguidor suyo. Mi viejo me ha hablado mucho de usted. Es un admirador de sus obras y me las legó a mí.

-Bueno, se agradece. ¿Pero su viejo, por qué dice conocerme?

-Papá fue militante peronista y siguió su recorrido en FORJA.

-Mire joven, creo que no es para tanto-contestó sin falsa modestia-soy un simple ciudadano, comprometido eso sí, pero no me como el verso de los cipayos.

-Me permite una consulta? -le pregunté

-Dele nomás.

-Dejó de hablarse con Borges por algún motivo?, porque después que le hizo el prólogo al libro suyo El Paso de los Libres, uno pensaría que la amistad entre ustedes seguiría.

-Tiene razón, joven. Con don Jorge coincidimos en el ´33 porque nos juntábamos con Homero Manzi, don Raúl Scalabrini Ortiz. Pero ese tiempo ya pasó. Desde que cerramos FORJA, para colaborar con el General Perón, don Jorge se apartó y dejó de arrimarse a nosotros.

- ¿Disculpe maestro, ya que estamos, ¿qué piensa de lo que pasa con Perón, ahora?

-Mire, entre nosotros-dijo y bajó la voz, hasta susurrar-Yo coincido con las ideas, repito las ideas, de los muchachos de Camporita. No estoy de acuerdo con sus métodos. Los están rodeando los mercenarios del Brujo López Rega. Las consecuencias están a la vista. Además, lo que le pasó al cura Mujica es imperdonable, no merecía ese final. Ese cura siempre ayudó a los más necesitados.

-Estoy de acuerdo. Y al general, ¿cómo lo ve?

-No lo veo bien. El dr. Cossio me confesó que Perón no está bien. Nada bien.

-Camporita en Méjico está desesperado por volver y juntar lo que lo obligaron a dejar el año pasado. Además, el Brujo está cercando cada vez más a Isabel. ¡Qué sé yo! ¡Como mi propia salud!

-Por? - le pregunté- Se siente mal?

-Y...joven, éste mal consejero...-señaló el cigarrillo- me está cobrando su uso?

-Va a seguir escribiendo? Estaría muy bueno poder seguir leyendo algo suyo...

-Y...estoy en eso. Después De Pantalones Cortos, qué son algunas de mis memorias, me gustaría un proyecto que lo llamaría Los Años Mozos. ¿Qué le parece? -me preguntó y me clavó su mirada tan característica.

-Lo espero con muchas ganas-contesté, algo abrumado- Y ahora lo dejo, tengo que volver a mi casa. Espero no haberlo importunado. Cuando le cuente a mi viejo con quién estuve, no lo va a poder creer. Muchas gracias don Arturo.

-Por favor m´hijo. Fue un placer conocerlo. En estos años tan convulsionados, poder hablar despacio con un joven, es muy importante.

Salí del bar con la inmensa satisfacción de haber hablado y aprendido con un prócer vivo.

Cuando le conté a papá, se largó a llorar mi pobre viejo.

Don Arturo Jauretche, abogado, periodista, escritor, funcionario público incorruptible y sobre todo un ser humano inmensamente coherente. Falleció el día de la Patria, un 25 de mayo de 1974. Poco antes del fallecimiento del General Perón.

Su legado es transversal a los vaivenes políticos, y está imbuido de coherencia.

El acuñó los términos “cipayo” y “vendepatria” que se utilizan aún hoy en día en la Argentina.

sábado, 11 de abril de 2026

 Mateando             16/2/2023

Cómo yo entiendo al mate?

Para mí no es sólo una infusión. Más que eso, es una gran representación de amor.

Cuando uno piensa en el mate se prepara para una fiesta del sabor, del gusto, de la visión, del tacto y del aroma.

El mate representa mucho más que el simple hecho de succionar una mezcla de sabores a través de una bombilla. 

Puede hacerse ritual o mera costumbre.

Suele tornarse llave de una tarea, una conversación o simple recompensa luego de un largo trabajo.

Yo lo asimilo al amor. De esos viejos amores, con agradables perfumes reconocibles, amables, confortables.

Cuando voy preparando los ingredientes, los utensilios, voy imaginando el paso siguiente, como cuando el encuentro con mi amada.

El mate, receptáculo de yerba (y eventual miel?) y agua, debe estar seco y limpio, como cuando uno emprende una conquista.

El agua debe tener la temperatura justa, ni más ni menos caliente, como cuando uno abraza al ser querido. Un abrazo que nos haga sentir amado y que haga sentir el amor al otro.

La bombilla limpia por dentro y por fuera, como mi garganta que despide mi voz, las palabras pretendidamente justas, sin halagos desmedidos ni lisonjas infundadas.

Cuando relleno el mate con la yerba lo hago hasta la mitad, sé que si elegí bien la yerba, el agua hará crecer su tamaño. 

Como así también en el amor.

Dejemos que el tiempo haga el trabajo del agua y produzca la milagrosa labor de espumar los sentidos expectantes, adormilados, que crecerán en nuestra relación.

Correré la yerba dentro del mate, dejando el lugar a la bombilla.

Un rinconcito, una pequeña esquina en el profundo y diminuto mundo redondo y hueco.

Represento así el ámbito de la coexistencia. Sin demasiados rincones, ni tampoco escasos. Que sean reconocibles, donde transitaremos ambos, rozándonos como la amarga yerba y la dulce miel.

El agua irá llenando el termo en la medida justa y entonces se producirá el cotidiano milagro, el gigantesco ritual y minimalista ceremonial de compartir el mate, de conectarnos al amor.

La bombilla se tornará muda telaraña que nos haga sentir nuestros.

El agua será vertida despacio, muy lento, para no ahogar nuestro amor.

…y de a poco el recipiente dará sus frutos.

No debe apurarse el trago. Como la pasión, debe transitarse sintiendo cada trago, cada trasiego del agua sustantiva y adjetivada, como si fuera la última o la primera vez del encuentro amoroso.

Y entonces llega el tiempo de mantener el amor, perdón, el mate, lo más completo posible.


Turbonada, ,

Turbonada 

Ángel tenía frío en las piernas. Raro, porque desde que vivían en Puelo, había dejado de tener frío. 
Miró alrededor suyo y volvió a fijar la vista en la casa que estaban construyendo en el terreno de al lado.
Ya habían notado con Paulina que era muy grande, de dos plantas, totalmente de madera.
Su construcción fue algo accidentada interviniendo varios constructores. 
Hubo algunos incidentes, durante la misma, como la caída de una pared de los baños, que de milagro no aplastó a un albañil.
Se la veía como enclenque, frágil. De paredes pintadas de un marrón oscuro, de aspecto lúgubre.
Su dueño, buen vecino, algo confiado en los que la levantaron, se quejaba amargamente de su suerte.
Ángel recordaba la vez que Paulina le mostraba como clavaban negligentemente las chapas del techo.
Pero bueno, era un buen vecino. Él estaba para otra cosa. No para criticar.
Ahora se empeñaba en sujetar los plásticos que cubrían los bancales construidos con palletes, para poder cultivar en ese terreno con tan poca tierra fértil; preciosos depósitos con bordes de madera que cobijaban hortalizas. Presentes y futuras muestras de la prodigalidad de la poca tierra agregada con abono diverso.
Prodigalidad acrecentada por Paulina con sus dotes de dedos verdes.
La turbonada había soltado las tiras que sujetaban los plásticos, instándolos a que la siguieran en su deriva hacia el lago.
El hombre sintió la fuerza de la lluvia empujada por el fuerte viento en el rostro, mientras la humedad pegaba la ropa a su cuerpo. 
Sintió un escalofrío. Mientras, aterido, sujetaba el plástico resbaladizo sintió que sus manos habían perdido fuerza.
-Me estoy volviendo viejo muy rápido- pensó.
El frío en sus piernas aumentó y la humedad se tornó viscosa.
Sintió un gigantesco cansancio.
Se acordó de sus hijos y se extrañó no saber nada de ellos.
-Los volveré a ver?- se preguntó.
La turbonada aumentaba y su bramido era temerario.
El hombre percibió su debilidad y se sentó, apoyando su espalda empapada contra el lateral del bancal.
-Ya está, así es mejor- musitó para sus adentros.
El cansancio, la debilidad y esa viscosidad lo envolvían como una frazada.
De pronto empezó a tomar precisa conciencia de su estado cuando en otro ramalazo de escalofrío, se palpó el costado del pecho y notó el trozo de metal de chapa del techo vecino, incrustado en el plexo.
Ahora su debilidad fue tal que ya no pudo ni llamar a Paulina.
Fue cuando se preguntó: -Es así? Así es como me muero?
La última imagen fue para Paulina en esa foto con los hijos en el Lago Puelo.