miércoles, 19 de agosto de 2026


Don Arturo

Corría el `74. Yo ya había empezado a estudiar por la mañana en Agronomía. Años muy agitados.

Trabajaba de cadete en una empresa constructora, en Cerrito y Sarmiento, Capital, a una cuadra del Obelisco. Tenía frescos 19 años.

En una de las caminatas a la salida del trabajo, hacia el centro porteño, pasé por un bar de Córdoba al 800 y entré a tomar un café antes de volver a casa.

¿A quién me encuentro, sentado en una mesa del fondo?

A don Arturo, Don Arturo Jauretche. Bien apoyada contra la pared, su figura maciza, con el poncho raído sobre los hombros y el chambergo sobre la madera de la mesa. Los restos de un cigarrillo negro, sin filtro, agonizaba en el cenicero de aluminio de Gancia.

Me acerqué prudentemente y le hago una seña.

- ¿Permiso maestro, puedo hablar con Ud.? - inquirí un poco tímido.

-Cómo no m´hijo. Sientesé- me contestó con esa voz gruesa y segura. Sus ojos celestes me miraban con curiosidad.

-Disculpe la molestia, soy un seguidor suyo. Mi viejo me ha hablado mucho de usted. Es un admirador de sus obras y me las legó a mí.

-Bueno, se agradece. ¿Pero su viejo, por qué dice conocerme?

-Papá fue militante peronista y siguió su recorrido en FORJA.

-Mire joven, creo que no es para tanto-contestó sin falsa modestia-soy un simple ciudadano, comprometido eso sí, pero no me como el verso de los cipayos.

-Me permite una consulta? -le pregunté

-Dele nomás.

-Dejó de hablarse con Borges por algún motivo?, porque después que le hizo el prólogo al libro suyo El Paso de los Libres, uno pensaría que la amistad entre ustedes seguiría.

-Tiene razón, joven. Con don Jorge coincidimos en el ´33 porque nos juntábamos con Homero Manzi, don Raúl Scalabrini Ortiz. Pero ese tiempo ya pasó. Desde que cerramos FORJA, para colaborar con el General Perón, don Jorge se apartó y dejó de arrimarse a nosotros.

- ¿Disculpe maestro, ya que estamos, ¿qué piensa de lo que pasa con Perón, ahora?

-Mire, entre nosotros-dijo y bajó la voz, hasta susurrar-Yo coincido con las ideas, repito las ideas, de los muchachos de Camporita. No estoy de acuerdo con sus métodos. Los están rodeando los mercenarios del Brujo López Rega. Las consecuencias están a la vista. Además, lo que le pasó al cura Mujica es imperdonable, no merecía ese final. Ese cura siempre ayudó a los más necesitados.

-Estoy de acuerdo. Y al general, ¿cómo lo ve?

-No lo veo bien. El dr. Cossio me confesó que Perón no está bien. Nada bien.

-Camporita en Méjico está desesperado por volver y juntar lo que lo obligaron a dejar el año pasado. Además, el Brujo está cercando cada vez más a Isabel. ¡Qué sé yo! ¡Como mi propia salud!

-Por? - le pregunté- Se siente mal?

-Y...joven, éste mal consejero...-señaló el cigarrillo- me está cobrando su uso?

-Va a seguir escribiendo? Estaría muy bueno poder seguir leyendo algo suyo...

-Y...estoy en eso. Después De Pantalones Cortos, qué son algunas de mis memorias, me gustaría un proyecto que lo llamaría Los Años Mozos. ¿Qué le parece? -me preguntó y me clavó su mirada tan característica.

-Lo espero con muchas ganas-contesté, algo abrumado- Y ahora lo dejo, tengo que volver a mi casa. Espero no haberlo importunado. Cuando le cuente a mi viejo con quién estuve, no lo va a poder creer. Muchas gracias don Arturo.

-Por favor m´hijo. Fue un placer conocerlo. En estos años tan convulsionados, poder hablar despacio con un joven, es muy importante.

Salí del bar con la inmensa satisfacción de haber hablado y aprendido con un prócer vivo.

Cuando le conté a papá, se largó a llorar mi pobre viejo.

Don Arturo Jauretche, abogado, periodista, escritor, funcionario público incorruptible y sobre todo un ser humano inmensamente coherente. Falleció el día de la Patria, un 25 de mayo de 1974. Poco antes del fallecimiento del General Perón.

Su legado es transversal a los vaivenes políticos, y está imbuido de coherencia.

El acuñó los términos “cipayo” y “vendepatria” que se utilizan aún hoy en día en la Argentina.

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