Pablo querido
Te escribo desde Lago Puelo, mi lugar encontrado, como alguna vez me dijiste.Hago estas líneas, ya que no podés contestar mis llamadas, dada tu ausencia temporal. Te aclaro que no sos sólo un compañero de secundaria simplemente, sos más que eso.
Tu casa de Zapiola y Arredondo, no era sólo de tu familia. Era la casa de todo aquél que necesitara un refugio, una guarida naif para ratearse.O una mesa de ping pong para algunos. Un lugar para quien empezó a fumar un cigarrillo (tu vieja Ada, nos bancaba). Una buena excusa para leer, como en mi caso, siendo como era la base de una editorial. Una casa llena de libros!!! Fantástica!Nos sentábamos en cualquier lado, a leer o jugar al truco o tomar café.Era como un faro, una cita obligada para los que veníamos de lejos, por la estación de trenes de Castelar, camino al colegio.Te cuento que allá por el ´67, yendo a clases con mi hermano nos resbalamos en su vereda recién baldeada, una mañana de antiguas heladas.
Por si no te acordás, querido Pablito, muchas veces nos sentábamos juntos, lado a lado. Y compartimos pruebas, machetes, cargadas y llamados de atención.No sé si te vas a acordar. El Negro Aulicio nos hizo un dibujo a cada uno, con lo que a su juicio representábamos para los demás. Yo era un signo de interrogación. Junto a muchas dedicatorias, me escribiste que me apreciabas y que te hubiese gustado formar un trío con ese dúo que éramos el General González y yo.Te aviso que lo lograste. Y con creces, ya que perduró más de cincuenta años. No sólo en el papel, también en la vida.
Acordáte que nos llamabas y nos juntábamos en la YPF de ruta 23, Alfredo, vos y yo. A tomar un feca, fumar un pucho, hablando de nuestras realidades y de paso organizar a quién llamaba cada uno para la reunión de los muchachos a fin de año.Vos proponías el lugar: sobre la avda. J.B.Justo, Av. Ceballos, Sarmiento y C. Casares, Santa Rosa, Colectora Gaona, la casa de César, la de Alfredo, la de Ricardo…y siguen los lugares.
Siempre con tiempo para juntar ganas, de juntarse
con ganas.
Porque nos reuníamos para repetir las mismas
pavadas que hacíamos en la secundaria:
“Corra Dondeni¡ Corra Dondeni¡ Corra Dondeni¡…Out
Dondeni¡¡¡¡”
Todo un clásico.
La del espejito en los mocasines de Carlitos para espiar lugares inaccesibles. Cuando se le cortó la goma de hondera a Jorgito cuando apuntaba a la falda de la Ortiz. Los combates con tizas. O el gallego Hernández desmayado por el exceso de formol para la disección del sapo en Biología.Y cuándo Del Rosal nos vió a Dvorkin y a mí fumando en la calle?? Que nos llamó delante de todo el colegio y agarrándonos de una oreja, nos aplicó 10 amonestaciones. Te cuento que nos junó justo cuando pasábamos frente a tu casa y yo tenía 2(dos) cigarrillos provocadores en la boca.
No puedo dejar de acordarme que cuando tenías la
pequeña pan lactal, viniste con tu familia y nos llevaste a nosotros a conocer
la casa que se estaba construyendo el General. ¡Cómo 10 éramos en ese autito!
O la vez que nos visitaste en Moreno y nos
regalaste delantales para nuestro emprendimiento familiar. Capo!!!!!
Y la oportunidad que le brindaste a Gonza con la
venta de los libros?? Eso no lo olvida mi hijo. Lo ayudó con la carrera de
actor. Sí señor!
O cuando preguntabas: “…y Nachito, cómo anda?” o la
Angostina?”
Tengo muy grabado que cuando querés terminar una
conversación, decís: Moooy Biennn!!!!,
así arrastrando el muy, y pasás a otra cosa.
A mi familia y a mí, nos tenés muy en cuenta. Nos
visitás siempre, en Paso del Rey, Moreno o Lago Puelo. Si hasta te viniste con
Miri a ver nuestro lugar en el mundo.
Acordáte que en el 2015 organizaste el segundo
viaje de egresados a la casa que tienen los viejos de Carlos en Bariloche. Vos,
César, Alfredo y Carlitos. Yo viajé desde Puelo para llevarlos, onda remis, a
recorrer lugares cercanos a Bariloche. Te acordás? Vos venías adelante conmigo
y me dijiste:
-“Daniel, sabés la distancia que tenés que conservar entre el que te antecede y vos??”,“La equivalente en metros, de la velocidad en km”No pienses que me olvidé. Desde ese momento, siempre lo recuerdo.Recordás que nosotros dos teníamos las camas paralelas en el living de la casona y que hablábamos hasta quedarnos dormidos ??
Siempre
me pareció maravilloso que pudieses mantener Navonga, esa relación con tus
amigos de paddle, a través de décadas.
Será
que tu persistencia en la interacción con los demás, silenciosa e
invariablemente pertinaz, es una manera de trascender lo meramente anecdótico,
para pasar a ser una forma de vida. Como que esa voluntad de unir a otros, atraviesa
lo temporal. Lo minimiza y le dá carácter de prioridad, de importancia real.
Tenés
unos hijos maravillosos. Que crecieron más o menos a la par de los míos. De
chiquitos hasta compartieron una pelopincho en el fondo de la casa de la calle
Buenos Aires. Sabri y Santi compartieron la UNLU. Nacho se iba a llamar
Marianela. (Acordáte que antes no sabíamos los sexos hasta que salían de la
panza de la mamá) Las nenas se parecen muchísimo a Miri, entre nosotros y
Dieguito es tu calco. Me encantan tus nietos. Son hermosos como sus padres.
Reconozco que nos veíamos poco, lo esencial. Nuestras comunicaciones siempre fueron a través del cable del teléfono, como si fuera un cordón umbilical.Que nos unió a la vida, no?
Te
aclaro que esa etapa del secundario, que nos hizo circunstanciales compañeros
de banco, nos transformó en amigos entrañables.
Esos,
de entraña hablamos.
Pablín,
me encanta hablarte y saber que estás del otro lado.
Hermano,
me cuesta seguir escribiendo.
Y
me va a costar más cuando te llame y no me contestes.
Hasta
la vida, querido amigo.