miércoles, 21 de agosto de 2013

El brillo de sus miradas


Si uno mira sus ojos, descubre ese brillo que los acompaña desde que ven la luz del quirófano. Con Mirtita, su madre que los trajo al mundo, nunca supimos su sexo hasta que nacían, y yo era el primero que los veía. Tanto dolor(en ese momento admiraba más que nunca a mi mujer) se lo compensaban a su mamá, arrullándose en el pecho maternal. Los limpiaban, aspiraban y verificaban los neonatólogos su "apgar" y se lo traían a la mamá. Así, como si nada, nacieron y crecieron, dándonos tanto dolores de cabeza como satisfacciones. Y si los conocen se darán cuenta de lo que quiero decir. Esa iluminación de sus ojos, reflejan tanto talento para sobrevivir, como firmeza en las decisiones que toman, pese a quien pese.
Es doloroso el desapego que se forma, como el sarro en la pava. Ya sé que debemos dejarlos ir. No son nuestros, son de la vida, según alguien nos dijo.
Pero noté que, aunque lo nieguen, algo de nosotros les queda. Mucho, y nos alegra. 
Su rebeldía, que viene con el combo de parto, los ayuda a ser independientes de criterio. A saber leer entre líneas. 
Saben valorar los perfumes de las flores. Conocen del gusto del mate a la mañana temprano. Reconocen en la voz de los amigos, advertencias de disgusto. O los ultimátum de los profesores en sus carreras, por falencias en su predisposición al estudio o falta de aplicación.
 La vida les pega como a todos. Y le ponen el pecho. Saben levantarse de las caídas. 
Y lo que más me atrae de ellos es el abrazo que conforta, que lo dan con asiduidad, siempre según les ha ido en el día.
Necesariamente les fallamos en algo, pero no vienen con el folleto de instrucciones. Y no hay devolución por fallas en la fabricación.
Tratamos de acompañarlos, como haría cualquier padre bien nacido. Por eso creo que parte de ese brillo lo lustramos nosotros, dándoles nuestro amor incondicional, sí, incondicional. Amor de marta si los hay.
Heredamos de nuestros padres esa propensión a estar de su lado.
Ese brillo ilumina nuestra vida y nos alumbra en ese túnel oscuro de la vida.
Por eso los amamos.

domingo, 20 de enero de 2013

Mis hijos en San Pedro


Que felices se ven!!!!
Después de ver la foto de Nacho en San Pedro, nadie diría que estaba partido al medio. Que su sufrimiento y sentimiento de soledad, podía palparse. Pero estábamos nosotros, sus hermanos y padres, soportándolo, confortándolo. Gonzalo llegó más tarde en la moto y traía a Mirtus!!! Se bancó 230 km en moto, la negra. Que hacía más de 30 años que no subía a una moto. Se lo veía grande al Negro querido. Con estupor en su cara y desconsuelo en las manos. Pero, siempre pero, no lo dejábamos solo. Cuando mostró la pesca (el único que pescaba) y Santiaguito lo bancaba, la Nena le sacaba fotos. Miles.
Es que San Pedro, nos traía tantos recuerdos. Cuando íbamos con ellos y pasamos findes de pesca algo infructuosa y playa de rio. Disfrutábamos con ellos, como siempre cocinando en el asador. Durmiendo en las carpas. Porque armar las carpas era toda una pasión. Fijarnos dónde estaba la sombra de mañana. El viento.
Encontrar el camino de vuelta, después de una discusión con tus hijos es algo difícil. Tiendo a callarme y no responder, por miedo a decir algo que provoque más distancia en el diálogo.
Los observo y a pesar de estar algo amoscado por lo que me dicen, los adoro en silencio y me regodeo en mi orgullo descubriendo la capacidad discursiva, el conocimiento de los temas, la dialéctica que utilizan y el convencimiento en el motivo de la discusión.
Me estaré volviendo más viejo, de lo que dicen mis huesos?
Lo que me deja más tranquilo es que me encuentro reconociendo algunos argumentos suyos.
Y que no dejaremos de estar a su lado, aunque de soslayo, aunque no nos escuchen y no dejen que sepamos sus pesares.
Que sean personas.