Sentanas del mundo:
Después de compartir
un día espléndido junto a mis familiares de Bs.As, Córdoba, Mar del Plata,
tengo que aceptar que más allá de mis ligazones familiares hay algo diferente
que descubrí hablando con ellos. Una característica propia de los Sentana, la
hospitalidad. Recuerdo que mi viejo hospedó en casa una amigo que tenía algunos
problemas con la autoridad. Éramos muy chicos, y fué una impresión importante,
sin embargo asumida. Con el paso del tiempo, nos fuimos acostumbrando. Papá era
un gran hospitalario. Todos los fines de semana se venía Tio Tate o Tio Ricardo
o Botiroli. Era asado, buseca, caracoles, paella o fideos. Cualquier excusa
para una partida de truco o mate y charla. Siempre abiertos para la recepción y
aceptación de quien fuera. Algunas veces nos salió no tan bien. Pero fue con
gran gusto. Se hacía lugar en la casa. Pequeña, pero cobijadora.
El mate listo para
quien quisiera.
Y si uno de nosotros,
hablo de mis hermanos o yo, cobijaba a alguien nos mostrábamos tan dispuestos
cómo si fuéramos cualquiera de nosotros.
Parece demasiado
obvio, no? Pero cuántos de quién me lée, lo haría.
Cómo una marca de
agua. No vista, pero escrita.
“Chola, viene Fulano.
Qué hacemos de comida. Hay que correr los colchones”
Hasta nos abusamos de
ello.
Conversando con mis
familiares, me dí cuenta que todos albergaban a alguien cuando éste lo
necesitaba.
Y estoy orgulloso de
ello. Mis hijos también lo son. Hospitalarios y confiados.
Estoy muy orgulloso de
ser SENTANA. Mi pseudónimo es Daniel González, por mi viejita, ya que ella
contribuyó, y mucho, para que ese apellido Sentana, se propagara. Lo siguió y
guió al Viejo Totín.
Después de ver las
fotos de mis hijos y las de mis sobrinos, no pierdo la esperanza de que sigan
esta forma extraña de ser. Ser refugio de alguien que lo necesita, un plato
caliente que reconforta, una mano atenta o una palabra suave y confortadora.
Es necesario en medio
de esta sociedad expulsadora y alienada. Necesitamos un lugar, un cobijo. Y
nuestro corazón de Sentana lo tiene.
Estamos dispuestos.
Daniel Sentana.
