domingo, 27 de julio de 2014

Sentanas del Mundo

Sentanas del mundo:
Después de compartir un día espléndido junto a mis familiares de Bs.As, Córdoba, Mar del Plata, tengo que aceptar que más allá de mis ligazones familiares hay algo diferente que descubrí hablando con ellos. Una característica propia de los Sentana, la hospitalidad. Recuerdo que mi viejo hospedó en casa una amigo que tenía algunos problemas con la autoridad. Éramos muy chicos, y fué una impresión importante, sin embargo asumida. Con el paso del tiempo, nos fuimos acostumbrando. Papá era un gran hospitalario. Todos los fines de semana se venía Tio Tate o Tio Ricardo o Botiroli. Era asado, buseca, caracoles, paella o fideos. Cualquier excusa para una partida de truco o mate y charla. Siempre abiertos para la recepción y aceptación de quien fuera. Algunas veces nos salió no tan bien. Pero fue con gran gusto. Se hacía lugar en la casa. Pequeña, pero cobijadora.
El mate listo para quien quisiera.
Y si uno de nosotros, hablo de mis hermanos o yo, cobijaba a alguien nos mostrábamos tan dispuestos cómo si fuéramos cualquiera de nosotros.
Parece demasiado obvio, no? Pero cuántos de quién me lée, lo haría.
Cómo una marca de agua. No vista, pero escrita.
“Chola, viene Fulano. Qué hacemos de comida. Hay que correr los colchones”
Hasta nos abusamos de ello.
Conversando con mis familiares, me dí cuenta que todos albergaban a alguien cuando éste lo necesitaba.
Y estoy orgulloso de ello. Mis hijos también lo son. Hospitalarios y confiados.
Estoy muy orgulloso de ser SENTANA. Mi pseudónimo es Daniel González, por mi viejita, ya que ella contribuyó, y mucho, para que ese apellido Sentana, se propagara. Lo siguió y guió al Viejo Totín.
Después de ver las fotos de mis hijos y las de mis sobrinos, no pierdo la esperanza de que sigan esta forma extraña de ser. Ser refugio de alguien que lo necesita, un plato caliente que reconforta, una mano atenta o una palabra suave y confortadora.
Es necesario en medio de esta sociedad expulsadora y alienada. Necesitamos un lugar, un cobijo. Y nuestro corazón de Sentana lo tiene.
Estamos dispuestos.

Daniel Sentana.

Herramientas

Herramientas
Esta es una imagen de Nachito, mi hijo. Dijimos que a partir de imágenes empezaríamos a conversar. Salió redondo. Quería expresar que para mí siempre fueron muy importantes las herramientas. Parece obvio, empero provengo de una familia que usaban mucho las herramientas. Carpintería, plomería, construcción, instrumentos de música, jaulones para pajaritos, etc., para uso hogareño. Cuando éramos recién casados, mi abuelo Antonio me cedió algunas de su propiedad. Antes de partir a USA, mi amigo Alan Fairclough, me trajo su gran tesoro, herramientas de su abuelo y de él mismo. Sabía a quién se las dejaba. En el transcurso de mi vida fui adquiriendo elementos preciosos, que siempre usé y enseñé a usarlas a mis hijos. Y la vida me dio revancha. Mis hijos me acompañan en esa noble tarea de usar sus manos con herramientas que los ayudan a seguir para adelante. Por ejemplo: Santi en el Jeep, Gonza en su Jawa o su casa, hasta Agus en su hábitat, las usó. Y ahora Nachito cumpliendo su sueño, a partir de palletes cedidos se hace su mobiliario para poder seguir la rutina tan simple de vivir, de crecer a la distancia. Algunos creerán imprescindibles los lápices, alguna máquina de fotos, o un instrumento. Para mí las herramientas me esperan pacientemente y retribuyen generosamente el amor que uno les tiene. Pueden usarse para dañar, robar o matar. Pero las herramientas dan revancha, y testimonian que uso se les da. Gastadas siguen prestando un servicio invalorable. No tienen alma, tienen propósito de existencia. Y viendo la foto de mi hijo haciendo su propia cama, calma mi ansiedad por ayudarlo. Aunque me cueste reconocerlo, es adulto y no me necesita para hacer su propia vida.
...y entonces dejo una herramienta que me dejó mi viejo:

Si...
Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando los que te rodean
la han perdido y te culpan a ti.
Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero también aceptar que tengan dudas.
Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no dejas lugar al odio
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.
Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes experimentar el triunfo y la derrota,
y tratar a esos dos impostores exactamente igual.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y aremangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.
Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias
y arriesgarlas a una sola tirada ;
y perderlas, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón, y tus nervios
y tendones, a cumplir con tu deber mucho después de haberlos agotado,
y resistir cuando ya no te queda nada
más que la voluntad de decirles: "¡Resistid!".
Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
o caminar junto a reyes, y no perder el buen sentido.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el inexorable minuto,
con una trayectoria de sesenta valiosos segundos
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más: ¡serás un Hombre, hijo mío!
Rudyard Kipling.