Mateando 16/2/2023
Cómo yo entiendo al mate?
Para mí no es sólo una infusión. Más que eso, es una gran representación de amor.
Cuando uno piensa en el mate se prepara para una fiesta del sabor, del gusto, de la visión, del tacto y del aroma.
El mate representa mucho más que el simple hecho de succionar una mezcla de sabores a través de una bombilla.
Puede hacerse ritual o mera costumbre.
Suele tornarse llave de una tarea, una conversación o simple recompensa luego de un largo trabajo.
Yo lo asimilo al amor. De esos viejos amores, con agradables perfumes reconocibles, amables, confortables.
Cuando voy preparando los ingredientes, los utensilios, voy imaginando el paso siguiente, como cuando el encuentro con mi amada.
El mate, receptáculo de yerba (y eventual miel?) y agua, debe estar seco y limpio, como cuando uno emprende una conquista.
El agua debe tener la temperatura justa, ni más ni menos caliente, como cuando uno abraza al ser querido. Un abrazo que nos haga sentir amado y que haga sentir el amor al otro.
La bombilla limpia por dentro y por fuera, como mi garganta que despide mi voz, las palabras pretendidamente justas, sin halagos desmedidos ni lisonjas infundadas.
Cuando relleno el mate con la yerba lo hago hasta la mitad, sé que si elegí bien la yerba, el agua hará crecer su tamaño.
Como así también en el amor.
Dejemos que el tiempo haga el trabajo del agua y produzca la milagrosa labor de espumar los sentidos expectantes, adormilados, que crecerán en nuestra relación.
Correré la yerba dentro del mate, dejando el lugar a la bombilla.
Un rinconcito, una pequeña esquina en el profundo y diminuto mundo redondo y hueco.
Represento así el ámbito de la coexistencia. Sin demasiados rincones, ni tampoco escasos. Que sean reconocibles, donde transitaremos ambos, rozándonos como la amarga yerba y la dulce miel.
El agua irá llenando el termo en la medida justa y entonces se producirá el cotidiano milagro, el gigantesco ritual y minimalista ceremonial de compartir el mate, de conectarnos al amor.
La bombilla se tornará muda telaraña que nos haga sentir nuestros.
El agua será vertida despacio, muy lento, para no ahogar nuestro amor.
…y de a poco el recipiente dará sus frutos.
No debe apurarse el trago. Como la pasión, debe transitarse sintiendo cada trago, cada trasiego del agua sustantiva y adjetivada, como si fuera la última o la primera vez del encuentro amoroso.
Y entonces llega el tiempo de mantener el amor, perdón, el mate, lo más completo posible.