Refugio
Querida Agus, cuando me regalaste ese mapa alemán, me sentí desorientado.
Quizás no lo sabías, o si?! Pero ese instrumento me ayuda a encontrar un refugio. Entre tanto marasmo intelectual, social, económico, psicológico, un mapa viene muy bien, excelentemente bien!
Sus referencias, sus caminos, sus cross roads. Todo ello me conduce a cualquier sitio elegible y seguro. Un refugio.
Refugio, qué me sugiere según tu pregunta.
Una palabra que encierra muchas acepciones, según lo veo, lo especulo.
En mi caso, refugio o “mi” refugio logran serlo mis hijos, mis proyectos de árboles, mis cuadernos de notas o cualquier pedazo de papel que encuentre para escribir.
De todas maneras es mi silencio cuando me siento en un tronco y miro lo que me rodea en el fondo de mi casa.
Siento que estoy seguro en medio del silencio roto por los pájaros o los perros jugando.
Ese sentimiento de seguridad se quiebra por la ansiedad, por circunstancias que arremeten a mis pensamientos.
Refugio es un cuaderno sencillo, roto y regalado por el Enano Cuadernos que me legó,(después de arrancar cientos de hojas útiles escritas por él y descartadas luego) o las agendas que me regala el Flaco de sus distintos trabajos.
Esos trozos de papel, refugios al fin y al cabo, son escalas en este andar viajando por cerros y valles de la vida.
Ellos son parte de esos árboles que veo crecer y llenarse de hojas, la tinta como la tinta que los hace crecer fuertes, hermosos, útiles como perchas para que se apoyen y descansen los pájaros cansados.
O las palabras que vuelan en mi ansiosa mente y no las puedo enjaular.
Refugio son los ojos de los que amo. Mi compañera tiene el refugio ideal para mi alma acongojada y compleja. Es un refugio seguro como el aceite en un mar embravecido y crispado por el dolor. Tiene esa capacidad de refugiar mi pasión y devolver esa sensación de paz y quietud. El arqueo de sus hermosas cejas, ingenuas, reales, confirma convencido lo real, lo franco, lo leal.
En la mirada de mis hijos leo el refugio del dolor, la esperanza, las preguntas sin respuestas, los proyectos sin final.
En esos ojos descanso, me encanta cobijarme cuando estoy sin brújula. Ellos me orientan, me obligan a pensar, repensando, en la realidad cruda de su vida.
De mi vida.
Otro Refugio es la música.
Como cuando estoy excitado por la buena vida o me siento extrañamente equilibrado, pleno y percibo que algo me falta, me cobijo en la música. Con ella me siento muy bien, me sana, reconforta, me trae recuerdos, los revive.
De la clásica, folclore, pop. Me une a mi familia, me arraiga, me hace viajar.
Me hace laburar las sinapsis, me inspira. Hace que baile solo en medio del terreno, o en la cocina con Mirtus.
Nos funde en un abrazo y a bailar!
Siempre es gratificante cobijarte, refugiarte en la música.
Refugio es el término para referirme al puerto más cercano, más seguro, más firme. Y desde allí ayudar y sostener a los que me rodean.
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