sábado, 22 de septiembre de 2012

Cerro de Oro



En el quillango de vida que me tocó tejer, busco un hilito para poder seguir contando. Mis gurisitos me inspiran mucho. Buscando en las fotos encontré sin saberlo, las que quería encontrar.
Nuestro hermoso y agitado viaje a:Cerro de Oro. Se preguntarán dónde es.
Después del primer viaje al sur con el R9, se nos ocurrió volver a un lugar que nos gustó cuando fuimos con los gurises chicos en bondi. Esta vez llevamos el R9 y el tráiler sin la estructura con nuestras carpas. El viaje fue hermoso, tranqui, por la ruta 7 a la 51 y de ahí, la RN 8 hasta Rio IV, pasamos por las Achiras y en cuanto pasamos la frontera de Córdoba a San Luis doblamos a la derecha, subiendo por la hermosa ruta prov. 1, bordeando el cordón de los Comechingones por la vertiente oeste. En ese entonces era ripio más o menos bueno. Nuestra idea era acampar en Carpintería. Un lugar donde se reparaban las carretas que subían de Córdoba a las minas de Potosí. Pero primero hay que pasar por La Puntilla, Va. Del Carmen, Va. Larca, Papagayos, Carpintería, Cerro de Oro y Merlo.
Llegamos a Carpintería y lo único que había para acampar era el Municipal. Duramos una noche, ya que había un contingente de boy scouts con todas las pilas en los chicos y en las radios a todo volumen con cumbia incluida. A la mañana siguiente levantamos el campamento y partimos hacia Merlo. Ni bien salimos a una calle buscando la RP 1, encontramos frente al 9, un tronco cruzado de lado a lado. Cuando nos acercamos con el auto, el tronco salió disparado; era un enorme lagarto overo. Nunca habíamos visto uno tan grande. Camino a Merlo, a unos 3 km antes de la Avda. del Sol, vimos un lugar a la vera de la ruta que nos gustó en cuanto lo vimos. Por supuesto que nos quedamos acampando y lo usamos de posta para salir a otros lugares. Eran unas 4 has. bien cuidadas y la parcela que nos tocó estaba al lado de una pequeñita acequia, como un hilito de agua cristalina. Acampabas debajo de espinillos y con asadores cerquita. Una pileta muy linda y muy buenos servicios, los dueños geniales. En síntesis, un pequeño paraíso.
Tuvimos unos días geniales y otros que no tanto. En enero en San Luis, llueve bastante pero como esa vez…! El día que fuimos a Merlo a comprar. Lo hacíamos con los tickets canasta que me daban en el laburo. Ese día estaba muy nublado e igual salimos. Cuando terminamos de comprar, subimos al auto y se larga a llover tanto que bajaba el agua por la Avda. del Sol como un rio. La decisión de irnos rápido surgió cuando vimos pasar un auto que lo llevaba el agua en torrente.
Cuando llegamos al camping, teníamos asegurado el comedor de mis viejos, que habíamos llevado, sujeto con sogas por los Gil, esos dueños excepcionales. Muchas carpas habían volado, otras aplastadas por la lluvia. Un tormentón. El viento que bajaba de los cerros a la noche aplastaba las carpas casi hasta tocarnos. Fue emocionante y lo único que interrumpió algo nuestra idea de disfrute. Teníamos un casal de lechucitas de las vizcacheras que nos visitaban de noche. Palomas monteras grandes como gallinas que nos despertaban a la mañana y a Santi lo asustaron la primera vez. Contamos cinco variedades de pájaro carpintero. Y hasta un gueko, visitaba nuestra parcela. A la noche cocinábamos a la luz de la luna. Y de día a pasear por algún lugar que no estuviera inundado. Los chicos conocieron el Salto del Tabaquillo (que conocimos con Nachito de un año y meses, Mirtita embarazada de Santi (anduvo a caballo y en sulky!!!), el Algarrobo Abuelo, Piedras Blancas. Y conocimos un azud, donde Nachito probó pescar perkas. Una delicia de lugar. En el valle, los ríos rebosaban de agua y no se podía visitar mucho. Pero San Luis tiene lugares que los pobladores ariscos y reacios, quizás celosos no publicitan ni dan a conocer, mas uno tiene que atreverse a buscar. Nos volvimos con ganas de seguir buscando, con ese afán de encontrar ese lugar que nos cobije y nos complete. Como la pampita que encontramos pasando el rio Virorco cuando fuimos con Nestor y Marisa.
A lo mejor coincide con el estado que tenga uno mismo. Esa ansiedad por encontrar un espacio que nos venga a buscar con la dulzura de los aromas y las piedras que ruedan con nuestro paso.
O la corriente de agua que nos haga deslizar por una roca comida por la misma corriente.
Y el silencio? Que nos acompaña cuando interrumpimos ese hálito de tiempo. Nos vemos.

3 comentarios:

  1. Tal vez ese lugar que buscamos esté muy dentro nuestro...
    Te prometo no cansarme de buscarlo y ayudarte a encontrarlo juntos

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