domingo, 25 de junio de 2017

El cuartito verde.

El porqué de las notas ahumadas en el cuartito verde.
D. GONZALEZ (1955). Extracto de su libro Del Abuelo Antonio y su manejo del silencio.
…siempre se preguntaba cuál era la relación entre la ceniza interminable en el cigarrillo del abuelo Antonio y las notas musicales que salían de los instrumentos que tocaba.
Con el paso del tiempo aprendió a descifrar las notas que salían flotando despacito del cuartito verde. Si se arrimaba a espiarlo, notaba que la ceniza crecía y cr
ecía en el pitillo que pendía de los labios finitos que musitaban canciones viejas y hermosas. Cada tanto el abuelo Antonio soplaba y entonces la ceniza gris se metamorfoseaba en un do sostenido y lo combinaba con un fa en staccato.
Si fabricaba un redoblante, los dedos largos y delicados del abuelo tensaban las varillas del costado del maple cortado a medida, estirando el parche de cuero de panza de oveja y salían los re y sol vibrando.
Mientras, la ceniza seguía colgando, inmutable. A veces él iba a buscar a la abuela Maruja para preguntarle si el abuelo estaba bien. Ella lo tranquilizaba. En tanto la ceniza estuviese pendiendo, saldrían las notas y el abuelo, por ende, conforme. Ella le explicaba: las notas esperaban las manos del lutier y no salían a menos que el humo y la ceniza no se combinaran.
Una vez que el abuelo olvidó cerrar la puerta del Cuartito, descubrió que haciendo clorofila con las hojitas de menta y alcohol en los recipientes de las ventosas, que las partículas organolépticas de la ceniza se mezclaban con el aire remanente que había exhalado el venerable artesano y las notas mixturaban las diminutas motas de ceniza y contestaban con el sonido adecuado, según los componentes del humo. Semejante al sonido que hacía el macho de Beta Splendens en la pecera cuando hacía burbujitas en la superficie e inyectaba los alevines, extasiándose con la visión de sus pequeños hijuelos. A veces el abuelo volvía tarde del Tronio y se levantaba más tarde aún y las notas se acumulaban detrás de la puerta del Cuartito. Los recipientes para las ventosas, el soplador de silbidos de pájaros, el triángulo sonoro permanecían quietos, expectantes, inermes. El cencerro inmutable. Los palillos de la batería, impacientes.
Era el momento en que el abuelo caminando despacito, tiraba el pucho apagado, en el ángulo que hacían los dos caminitos, prendía uno nuevo y abría la puerta.
Al rato empezaban a salir las notas. Primero despacito y después más fuerte.
Es que lo esperaban anhelantes para poder volar.

D. Gonzalez (1955).Comp.yeoldeturtle.blogspot.com

 Описание Betta splendens with bubble nest.jpg

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